Regar bien el césped, sobre todo en verano

Regar bien en verano

Es evidente que los espacios verdes necesitan agua. El riego es una de las prácticas más importantes a la hora de mantener el césped, especialmente cuando la lluvia es insuficiente. Dependiendo de factores como la luz solar, la temperatura o el viento, el césped puede requerir entre 20 y 25 litros de agua por metro cuadrado a la semana.

Un error común es regar el césped poco, pero con demasiada frecuencia. Durante las semanas más calurosas y secas del verano, el césped suele regarse a menudo, de forma ligera, principalmente por las tardes. Esto hace que el agua sólo humedezca la parte más alta de la hierba, y en el mejor de los casos, unos cuantos milímetros de la parte más superficial de la tierra. El césped, a ojos del jardinero, no manifiesta ningún signo exterior, pero las raíces se van concentrando cerca de la superficie del suelo y aumenta la aparición de malas hierbas, como la Poa Annua o la Agrostis. Además el césped se afelpa y pierde resistencia, algo que no importa mucho en espacios como los campos de golf, donde se riega a diario y el césped se corta a pocos milímetros, pero que en jardines privados impide disfrutar de un césped mullido y brillante.

Los jardines que se riegan de esta forma absorben la escasa agua como una esponja, agua que luego se evapora. Esto significa que el césped no aprovecha los nutrientes del riego, se convierte en "adicto" al agua. Si no se riega en unos días, se pone rápidamente amarillo y es vulnerable a enfermedades fúngicas, que se extenderán con rapidez.

Para comprobar que se ha usado la cantidad de agua adecuada, es recomendable usar un medidor de agua o colocar en el césped recipientes cilíndricos, por ejemplo botes de mermelada. Después de regar debería haber aproximadamente 2 centímetros de agua en cada uno de los recipientes. Después de hacer esto varias veces, sabrás cuánto agua necesitas para proceder al riego. Te sorprenderá la cantidad que necesitas para una medida específica. Introduce un palo resistente a unos 10 centímetros en la tierra y trata de extraer una muestra de suelo cada cierto tiempo. Las muestras deberían estar húmedas, que no mojadas en el fondo y por encima de 1 o 2 centímetros, deberían estar secas. Esto no debe ser nunca a la inversa, mojado en la superficie y seco en el fondo.

Mucha agua es también perjudicial para el césped, aunque no suele ocurrir en los jardines privados. El exceso de agua desplaza el aire de los poros de la tierra provocando que se pudran las raíces. Otro método es oler una muestra de suelo: si huele mal o presenta una decoloración gris azulona, es evidencia de que algo va mal con el riego.

Un césped regado correctamente es más resistente, menos vulnerable a infecciones y presenta un sistema de raíces profundo. Si durante un largo período has regado tu césped de forma incorrecta y lo tienes estropeado, no cambies radicalmente los hábitos de riego. En vez de eso, ve ajustándolos lentamente y de forma gradual a los recomendados, durante al menos dos meses.

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